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Caños de San Francisco

En el archivo histórico del Ayuntamiento de Avilés se halla un repertorio muy importante de padrones de moneda forera desde el año 1635, aumentado recientemente con otra colección de padrones que descubrí n el Archivo Histórico Nacional comprendida entre 1604 a 1693. Toda esta documentación unida a los registros conservados en los libros parroquiales de las iglesias de San Nicolás y Santo Tomás de Sabugo, hace que el censo de casi la totalidad de la población avilesina a partir del Siglo XVI pueda ser conocido. Una verdadera joya para todos aquellas personas en saber su genealogía y en analizar los oficios de una de las principales villas/ciudades de Asturias.

Es cierto que se han hecho diversos estudios muy interesantes sobre los comportamientos familiares en el espacio urbano avilesino, como el desarrollado con muy buen criterio y plagado de datos por Florentino López Iglesias, en el Avilés del Siglo XVIII, pero todavía queda mucho por investigar y hacer.

Al analizar los padrones del Siglo XVII se observa la evolución de la Villa Avilesina al aumentar el número de personas que trabajaban en los oficios de construcción, sobresaliendo aquellos censados en el oficio de canteros, especialmente entre los años 1674 y 1678. Es la explosión de la época barroca de las construcciones más importantes del casco antiguo de Avilés. Época de reformas en la iglesia de San Nicolás, en particular su Capilla Mayor, la Capilla del Espíritu Santo, la Capilla de Santiago y el pórtico, y los comienzos del palacio de Camposagrado. Es en estos años cuando en la lista de los padrones están censados como canteros-arquitectos Francisco Bercedo, Francisco Menéndez Camina, padre e hijo, Agustín e Isidro Martínez, Bartolomé González Millares, los transmeranos Noriega, o el forastero Domingo de la Fuente. Con ellos aparecen así mismo los entalladores, dedicados entre otros menesteres a tallar imágenes y trabajos en madera para las iglesias y casonas importantes, además de los carpinteros.

Es importante también la lista de sastres, tejedores y zapateros. Como dato curioso en el padrón de 1669 aparece censado con el oficio de confitero Bartolomé Pelayo que tal vez diseñara en aquel tiempo algún pastel similar al Bollo de Pascua. Aparecen así mismo incluidos en las listas de padrones, los prebísteros, los regidores y otros cargos militares y de la administración, junto a personas que tienen título nobiliario, como el Marques de Camposagrado, o pertenecen a alguna órden militar, Santiago y Alcántara. Todos estos padrones pueden ser estudiados por las personas interesadas en el archivo avilesino de Valdecarzana.

No obstante, queda mucho todavía por escrutar, hay cientos, por no decir miles de folios referentes a la historia de Avilés y sus personajes en los archivos españoles. Además de investigadores se necesitan paleógrafos para transcribir lo escrito en los legajos manuscritos que guardan todavía muchos secretos y rompen mitos de nuestra villa/ciudad. Una vez más he hallado nuevos documentos sobre el mercado avilesino y unos padrones de finales del Siglo XVI. Si antes citaba la trascendencia de las obras que se realizaron en el último tercio del Siglo XVII, quiero también recordar algunas que se hicieron a finales del siglo anterior y a principios del citado siglo XVII.

En 1599 los arquitectos-canteros cántabros, Gonzalo de Güemes y Domingo de Mortera, rematan la obra del Claustro del Convento de San Francisco, el primero de ellos supervisa en 1605 construcción de la fuente del barrio de Sabugo y al año siguiente construye una celda en el Covento de las Huelgas avilesino. En 1609 participó también en las obras del puente de Sabugo, en las del Castillo de San Juan de Nieva y en diversas casas del casco antiguo. Desde 1614 y hasta su fallecimiento trabajó en la reconstrucción de las murallas de Avilés.

La fuente de los caños de San Francisco debió construirse hacía 1583 con un diseño muy simple, pero la obra ya rematada con el formato casi actual fue realizada en 1592, adjudicándosela el maestro cantero Pedro de la Bárcena Hoyo y en la que trabajó también su primo Gonzalo de la Bárcena. En 1595, una vez concluida la obra, el Ayuntamiento avilesino encargó a Pedro de la Bárcena colocara los escudos de la fuente, que correspondían al escudo real utilizado por Felipe II y a cada lado un escudo de Avilés, que son los que todavía se pueden ver.

BibliografíaEditar

Revista del Bollo. Artículo de Francisco Mellén Blanco

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